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Con actuaciones destacadas de Cazzu, Ulises Bueno, Ahyre y Jorge Rojas, el Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María vivió una nueva velada multitudinaria en el anfiteatro José Hernández. La décima noche de la edición 2026 volvió a confirmar el poder de convocatoria del evento, con localidades agotadas y una celebración que se extendió hasta la salida del sol.
Tal como había ocurrido la jornada anterior, el sábado conocido como “el de los dos soles y una luna” —por su inicio al atardecer y su cierre al amanecer, de la mano de Los Cantores del Alba— alcanzó el lleno total. A diferencia del día previo, el anuncio oficial del sold out llegó recién durante la mañana, cuando la organización informó que ya no quedaban entradas disponibles en boletería. El pequeño remanente online se agotó por completo durante la tarde.
Las más de 28 mil personas que ingresaron al predio encontraron motivos de sobra para la espera. Históricamente, esta es una de las noches más convocantes del festival, incluso más allá de la grilla artística. La definición del campeonato de jineteada y el carácter de experiencia integral que adquirió el evento en los últimos años se combinaron para potenciar la expectativa. En esta ocasión, una programación con múltiples puntos altos terminó de sellar el éxito.
La fórmula, ya probada, volvió a funcionar: la convivencia de artistas de distintos circuitos —como Jorge Rojas, Ahyre, Cazzu y Ulises Bueno— junto a la promesa de baile y fiesta al aire libre, reflejó un escenario musical sin fronteras ni prejuicios, acorde a los consumos culturales actuales.
Para las 21, con más de 23 mil personas dentro del anfiteatro, el anillo que rodea las tribunas se transformó en una verdadera peatonal de ciudad turística en plena temporada de verano. Grupos de amigos, familias y parejas recorrieron parrillas y puestos mientras aguardaban la apertura del campo, que se produjo a las 23, en simultáneo con el inicio del show de Ahyre.
Antes, La Clave Trío —uno de los pocos proyectos con voces mixtas en esta edición— y Guitarreros lograron mantener el clima festivo durante los intervalos finales de la jineteada. Con presentaciones breves pero intensas, ambos cumplieron con creces el rol de sostener la energía del público.
A diferencia del grupo salteño, que priorizó tocar sin demasiadas intervenciones (“estamos para cantar, no para hablar”, señalaron), llamó la atención en el conjunto de Alta Gracia —y luego también en Ahyre y Jorge Rojas— la reiterada invitación al público a encender los celulares para generar un manto de luces. Un recurso efectivo, aunque algo desgastado por su repetición.
El cuarteto integrado por Juan José Vasconcelos, Sebastián Giménez, Hernando Mónico y Federico Maldonado, acompañados por dos músicos más, fue el encargado de elevar la apuesta artística. Incluso los animadores del festival, Erica Pereyra y Alejandro Bustos, destacaron su capacidad para fusionar universos musicales y proponer nuevas búsquedas. Y la banda salteña no defraudó.
Pese a algunos inconvenientes de sonido al comienzo, el grupo reafirmó su ambición estética: música de raíz convive con rock, baladas, guiños al folk anglosajón, armonías vocales y exploraciones sonoras que remiten tanto a músicas del mundo como a cierta psicodelia que delata influencias beatle.
En sintonía, Ahyre presentó un espectáculo con fuerte despliegue visual e impronta inmersiva, potenciado por las posibilidades técnicas del festival. Sin grandes cambios respecto a su show del año anterior, la propuesta volvió a exhibir una síntesis musical apta para cualquier escenario mayor del país.
Luego fue el turno de Jorge Rojas, quien prolongó el clima generado por la banda salteña. Desde un lugar más tradicionalista, el ex Nochero —criado y formado en Salta— volvió a mostrar su rol como uno de los artistas que ampliaron los márgenes del folklore, incorporando ritmos y registros diversos a lo largo de más de tres décadas de carrera.
Acompañado por una banda versátil, capaz de recorrer chacareras, sonidos latinos con trombón y trompeta, y climas propios de la canción popular, Rojas se mostró cómodo y disfrutando del escenario. Incluso se animó a compartir coreografías con sus bailarines. En un cierre algo más breve por lo ajustado de la grilla, invitó a Pedro y Sergio Toledo, dúo de hermanos de raíces chorote y toba oriundos de La Merced, en el Chaco salteño. Al recibir el reconocimiento de la comisión organizadora, destacó el abrazo entre géneros que logró el festival en su edición 60.
Hasta que salga el sol
Cerca de las 3 de la madrugada llegó uno de los momentos más esperados: la salida a escena de Cazzu. La artista jujeña apareció acompañada por un cuerpo de bailarinas de malambo y desató la ovación de una multitud que la aguardaba desde hacía horas.
Su debut en Jesús María recordó el impacto que históricamente generaron artistas ajenos a la estética tradicional del festival, aunque con una diferencia clave: Cazzu se presentó con una banda poco convencional, integrada por bandoneón, teclados, percusiones, cuerdas, vientos, batería, guitarras españolas y acústicas, y bajo, lo que le permitió recorrer distintos géneros sin perder identidad.
Con Latinaje como eje —disco bisagra en su carrera—, la cantante propuso un viaje musical por el continente, del tango a la salsa, pasando por cumbia y corridos tumbados, con un breve guiño inicial al trap. En ese recorrido, recordó su infancia en Jujuy, cuando veía el festival por televisión junto a su familia, y su vínculo temprano con el folklore. También mencionó a Horacio Guarany como una influencia clave en su reconciliación con las raíces, reflejada en Piénsame, tema incluido en Nena trampa (2023).
El cierre de su show, de una hora exacta y sin bis, llegó con Con otra, posiblemente la canción más coreada de toda la edición hasta el momento. “Ahora le pusieron cara a la canción”, bromeó antes del estribillo, desatando una respuesta ensordecedora del público.
Aunque Los Cantores del Alba estaban a cargo del cierre formal, una gran parte del público aguardaba a Ulises Bueno. El cuartetero, uno de los más ovacionados por los animadores, volvió a mostrarse en gran forma, confirmando el buen momento que atraviesa desde su regreso tras el parate de 2023.
Pese a algunos inconvenientes iniciales de monitoreo, Ulises logró acomodarse rápidamente y llevó la noche a su punto máximo. Si bien su presentación fue más corta de lo previsto por las demoras previas, el agradecimiento del público fue total: palmas, euforia y baile hasta pasada las cinco de la mañana, con el campo aún colmado.
Con temas como No puedo fingirlo, Intento, Soy y Qué sed, el clima fue de fiesta absoluta. En el cierre, con Ji ji ji y Dale vieja, dale, los vasos volaron por el aire y la despedida fue tan intensa como caótica.
Cuando Ulises bajó del escenario, comenzó el lento retiro de la mayoría. Algunos continuaron la celebración en los alrededores del anfiteatro; otros eligieron quedarse para el ritual final: cantar con el amanecer junto a Los Cantores del Alba, que saludaron con un elocuente “Buen día, Jesús María”, honrando una vez más el sábado de dos soles y una luna.
