Hay momentos en que una ciudad deja de ser ciudad para convertirse en latido. Eso mismo es lo que sucedió desde el pasado viernes 13 hasta la madrugada del martes en la Ciudad Cultural. No fue solamente una grilla de artistas ni un festival multitudinario, fue un territorio propio, una patria carnavalera donde el talco flotaba en el aire, la nieve pintaba los abrazos y la música marcaba el pulso de miles de corazones al mismo tiempo.
El Carnaval de Los Tekis volvió a demostrar que en Jujuy el descontrol también puede estar perfectamente organizado.
La primera noche tuvo aroma a estreno y energía desbordada. Luck Ra tomó el escenario y convirtió el predio en una pista gigante. El cuarteto sonó como un disparo de largada y nadie se quedó quieto.
Pero el verdadero punto de quiebre llegó pasada la 1:30 de la madrugada cuando las luces bajaron, el murmullo creció y, de pronto, el escenario estalló con la presencia de Los Tekis, que aparecieron entre diablos, papel picado y una marea de celulares encendidos. Cuando sonó Vienes y te vas, el carnaval dejó de ser promesa y se volvió realidad.
La segunda jornada fue un viaje emocional. Luciano Pereyra dominó la escena con esa mezcla de dulzura y potencia que provoca coros multitudinarios. Hubo parejas abrazadas, lágrimas discretas y miles de voces cantando como una sola.
La calma, sin embargo, fue apenas un respiro. Kapanga irrumpió y transformó la noche en puro movimiento. El “Mono”, con su energía inagotable, logró que el pogo conviviera con el espíritu carnavalero. Rock, albahaca y descontrol feliz: combinación perfecta.
El tercer día tuvo un sabor especial. Wara Calpanchay, recientemente consagrada en Festival Nacional de Folklore de Cosquín, abrió la jornada con una fuerza serena que conectó directo con las raíces. Fue uno de esos momentos en que el silencio respetuoso del público dice más que cualquier grito.
Luego llegaron Lázaro Caballero y Desakta2 para sostener la intensidad y preparar el terreno para que, una vez más, los anfitriones hicieran lo que mejor saben hacer, convertir cada canción en un ritual colectivo.
El cierre fue una declaración de principios. El Chaqueño Palavecino trajo el monte, la guitarra firme y la identidad norteña en cada estrofa. Su presencia fue una postal de tradición viva en medio de la multitud.
Cuando parecía que el cuerpo pedía descanso, Q’ Lokura tomó el mando y estiró la fiesta hasta que el cielo empezó a aclarar. Nadie quería irse. Porque irse era aceptar que el hechizo terminaba.
Esta edición no solo brilló por la música. El sistema Cashless agilizó cada movimiento dentro del predio, evitando largas esperas y permitiendo que la experiencia fuera más fluida. Y el ya instalado Carnavalódromo por las tardes sumó ese clima familiar donde el festejo empieza con sol y continúa bajo las estrellas.
El Carnaval de Los Tekis 2026 no fue únicamente una sucesión de shows. Fue una ceremonia compartida, una demostración de que en Jujuy la cultura no se mira desde afuera, se vive, se canta y se baila hasta que el cuerpo diga basta.
