La edición número 66ª del Festival Nacional de Folklore de Cosquín llegó a su fin, pero dejando una huella profunda para Jujuy. En el escenario mayor Atahualpa Yupanqui, el nombre de Wara Calpanchay se destacó con fuerza tras recibir el premio Revelación Cosquín 2026, una distinción que reconoce no solo su calidad vocal, sino también la identidad cultural que transmite desde la Puna jujeña.
Oriunda de Susques, la joven artista logró conquistar a la Plaza Próspero Molina con una propuesta musical atravesada por la memoria, la espiritualidad y la raíz ancestral. Su voz, acompañada por charangos e instrumentos de viento, conectó con el público desde un lugar profundo y auténtico, reafirmando el valor del folklore como expresión viva de los pueblos.
El camino de Wara hacia el reconocimiento nacional se inició semanas atrás, cuando se consagró ganadora del Pre Cosquín en la categoría Solista Vocal. Sin embargo, fue su desempeño en las noches centrales del festival lo que terminó de consolidar su proyección artística, despertando la ovación del público y la atención del jurado.
Jujuy celebra este logro como un hecho histórico para la cultura provincial, ya que Calpanchay se posiciona hoy como una de las voces emergentes con mayor proyección en la escena folklórica argentina, llevando el nombre de la provincia a uno de los escenarios más emblemáticos del país.
Así mismo, el premio Consagración Cosquín 2026 fue otorgado a Campedrinos, el dúo integrado por Sergio Prada y Agustín Fantilli. Con una carrera construida paso a paso, lograron coronar años de trabajo sostenido con una presentación que hizo vibrar a toda la plaza, reafirmando su lugar dentro del folklore actual.
Esta edición también tuvo un fuerte condimento emotivo con la celebración de los 30 años de carrera de Soledad Pastorutti. Tres décadas después de su irrupción en Cosquín, la artista santafesina volvió al escenario mayor con un espectáculo imponente que recorrió sus grandes clásicos.
Ni la lluvia persistente impidió que La Sole brindara un espectáculo de más de tres horas, demostrando que su vigencia sigue intacta y que continúa siendo una figura clave del folklore argentino. Fue un cierre cargado de emoción que unió generaciones y reafirmó el espíritu del festival.
