Con solo 20 años, ya dejó su huella en escenarios nacionales como Jesús María y Cosquín. Bailarina de folklore, integrante del Ballet Noroeste y estudiante de Comunicación Social, su recorrido combina tradición, compromiso artístico y una fuerte mirada de género dentro del folklore jujeño.

Nacida en una familia de bailarines, asegura que su vínculo con la danza comenzó incluso antes de nacer. “Desde que mi mamá estaba embarazada de mí, yo ya bailaba”, recordó en una reciente entrevista para el programa Vamos al Teatro. Es hija de profesores de danza: María José Sato y Raúl Alfredo López, director y profesor del Ballet Noroeste. Su primera presentación fue a los 3 años, en el Paseo de los Artesanos, marcando el inicio de un camino que con el tiempo la llevaría a representar a Jujuy en escenarios de alcance nacional.
En 2016 integró la delegación oficial de Jujuy en el Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María, una experiencia clave en su formación artística. Años más tarde, su talento también se hizo presente en la apertura del Festival Nacional de Folklore de Cosquín, donde participó en la producción audiovisual que dio inicio a la tradicional “luna mayor”.
Otro momento destacado de su carrera se dio cuando el programa Argentina Baila llegó a Purmamarca. Allí fue protagonista de una presentación de malambo femenino que captó la atención del público y visibilizó el crecimiento de esta disciplina en la provincia.
El esfuerzo sostenido continúa dando resultados. Recientemente obtuvo el tercer puesto en la categoría Contrapunto en Conjunto de Malambo Mayor, en el Campeonato Nacional de Zamba (Sede Jujuy), consolidándose junto a su conjunto como una de las propuestas más fuertes del malambo en la región.
Además del escenario, desarrolla su formación académica en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la UNJu, donde estudia Comunicación Social. Desde allí, participa en producciones audiovisuales que rescatan la cultura local y las historias de jóvenes artistas jujeños.
Entre sus trabajos se destacan los documentales Sueños Compartidos y Juventud, ritmo y raíces: la voz de Cele Rodríguez, proyectos realizados en el ámbito universitario que reflejan su compromiso con la identidad cultural y la difusión del arte jujeño a través del lenguaje audiovisual.
Uno de los ejes centrales de su recorrido es el malambo femenino, una disciplina históricamente asociada a lo masculino. Desde su experiencia, destaca la importancia de construir una identidad propia: “La mujer le tiene que dar su esencia y no ser tan masculina”, explica.
Como integrante del Ballet Noroeste, ha sido parte de un proceso pionero en Jujuy, demostrando que la fuerza, la técnica y la feminidad pueden convivir en equilibrio, abriendo camino a nuevas generaciones de bailarinas.
Con una carrera marcada por el esfuerzo, la constancia y también por momentos difíciles, deja un mensaje inspirador para quienes aún dudan en animarse al folklore:
“Yo les recomiendo que, por más que tengan dificultades o se les presenten cosas que interrumpan la felicidad de bailar, sigan adelante. Es un camino re lindo. Y si todavía tienen dudas de iniciar, que se larguen nomás, porque es el camino más lindo”.
