Detrás de cada función de ballet en Jujuy hay historias de perseverancia que pocos conocen. Una de ellas es la de Belén Sato, una joven bailarina y docente cuya vida ha estado ligada al movimiento desde sus primeros años. Formada bajo la mirada de la Maestra Emilce Scilingo en el Nuevo Estudio Danza, Belén representa a una generación de artistas jujeños que entienden la danza no solo como una técnica estética, sino como un legado familiar y un compromiso de vida.
Heredera de una tradición artística que incluye folklore y formación académica, ha sabido transitar el camino del esfuerzo en una provincia donde el ballet profesional aún enfrenta grandes desafíos. Hoy, desde su rol como educadora, se dedica a sembrar en las nuevas generaciones el amor por las zapatillas de punta, la disciplina y el disfrute del escenario.
La historia de la danza clásica en nuestra provincia suele comenzar con una mirada de asombro frente a un escenario. Para muchos, ese primer contacto es el que define una vida. Así empezó el camino de Belén Sato, quien tras años de formación y tablas, hoy reflexiona sobre el presente de este arte en el norte argentino.
Su inicio fue marcado por la herencia y la paciencia. Como sucede con las grandes pasiones, el ballet no siempre llega en el momento exacto. “Mi historia comenzó de chiquita viendo bailar a una de mis tías. Soñaba con ser como ella, pero el año que quise empezar no pude por los horarios de la escuela”, relata la bailarina. Esa espera de un año no hizo más que alimentar las ganas, a los 11 años inició su formación formal, sumando la técnica académica a sus raíces familiares en el folklore junto a sus tíos y su padrino.
Hoy, el panorama de la danza en Jujuy ha cambiado. Con el estallido de las danzas urbanas y plataformas como TikTok, el ballet parece haber cedido espacio en cantidad de alumnos, pero no en vigencia. “No es que esté en decadencia, pero hoy se eligen más otras danzas. Sin embargo, las redes son una puerta que se abrió para que la gente se acerque a estudiar”, explica Belén con optimismo.
A pesar del entusiasmo, señala una deuda pendiente en la provincia, la falta de un Profesorado Estatal específico de Danza Clásica. Actualmente, quienes no inician su formación en instituciones oficiales desde muy pequeñas, encuentran pocas opciones para profesionalizarse sin tener que emigrar o costear capacitaciones privadas y viajes costosos.
Para Belén, dar clases es mucho más que transmitir técnica, es una misión emocional. “Dar clases es mantener vivo el vínculo con lo que más me gusta. Busco que para mis alumnas sea una experiencia positiva, que lleguen a querer la danza tanto como yo”. Su enfoque combina el disfrute con los pilares innegociables del ballet, disciplina, esfuerzo y compromiso.
A pesar de los momentos de duda donde el camino se vuelve difícil, el motor sigue siendo el amor por el arte. Entre sus metas pendientes destaca el sueño de fundar su propia escuela y la ilusión de ver a la gran Marianela Núñez sobre el escenario.
Al preguntarle qué significa bailar en Jujuy, elige una frase que resume la resiliencia del artista local, “La vida es cuesta arriba, pero la vista es genial”. Una síntesis perfecta para una disciplina que exige sacrificio, pero que regala momentos inolvidables, como aquel baile de «las gallinitas» en La Fille mal Gardée que aún guarda en su memoria como su recuerdo favorito de formación.
